"Cuando entre los tres hacemos una canción, hay combustión"

Pablo Pino habló del pulso creativo del grupo Los Bardos, que integra junto a Nahuel Marquet y Ezequiel Salanitro. El show es el sábado 4 de mayo, gratis, en Lavardén.

 

 

 

 

Era una tarde de julio de 2014, el sol golpeaba en la cara, los tres tocaban en el patio de la casa de Nahuel, en Chacabuco entre La Paz y Viamonte. Pablo tiraba una letra, la seguía Choza y la cerraba Naki en una melodía que empezaba en el líder de Sikaros, banda ya separada, seguía con un tarareo del cantante de Degrade y finalizaba con una armonía vocal del frontman de Cielo Razzo. Así nacía Los Bardos y Escenario fue testigo en una nota que se tituló "Con alma de fogón". A cinco años de aquel momento iniciático del trío, Los Bardos presenta su primer disco "Música de patio", en honor a aquel espacio y pensando en esta canción de fogón que también mira el mañana. "Otra música de patio golpeará los vidrios de los autos" reza "La canción del sur" El show es el próximo sábado, a las 21.30, con entrada gratuita en Plataforma Lavardén. Pablo Pino, Ezequiel "Choza" Salanitro y Nahuel "Naki" Marquet lanzaron un disco que es una joyita. En poco más de media hora de duración, las ocho canciones propias más la perlita de "Psico Killer", de Talking Heads mixturada con "Quien se ha tomado todo el vino" de La Mona Jiménez, son una síntesis de canciones "tipo cadáver exquisito", como dice Pino, pero con raíces bien marcadas donde confluyen el rock, el pop, el folclore y la cumbia. 

 

 

 

 

 

 

Cada uno tenía el objetivo de armar otra cosa distinta a la que estaba haciendo. No querían esto de voz líder y la banda detrás, nada de eso, la onda era darle forma a ese juego de guitarreadas que se daba en las giras, arriba de un micro o en la pieza de un hotel, cuando la zapada se disfruta tanto que uno quiere que el otro también la escuche. "Creo que cada uno se convierte en un bardo por distintas razones. Por mi lado estoy muy contento, porque quería tocar con ellos dos, y ver qué pasaba componiendo juntos, que es la parte que más me gusta de este juego de la música. Nosotros nos seguimos dando cuenta de que esto sigue siendo un experimento, porque venimos con distintas cabezas y distintas vivencias. Es muy fuerte lo que se genera y creo que la fuerza bardo sigue estando en ese punto, en esa combustión que se genera cuando cada uno pone de lo suyo y se convierte en una sola canción", dirá Pino y utilizará la palabra bardo ya como un adjetivo calificativo, sobre todo cuando remarca la "estética bardo", algo que están construyendo y macerando hace cinco años y cada vez suena mejor. "Uno no sabe bien a qué juega/sabe bien a qué no/ y se entrega" se oye en "Un bardo". Y hay algo de tirarse al vacío, de búsqueda, que atraviesa la canción. "Los que jugamos con la emoción y el corazón sentimos que cuando escribimos una canción nos exponemos. Nunca fue fácil exponerse ante el mundo, mucho menos en esta época donde es mucho más difícil todavía. Pasa en todos los oficios, que tienen esta parte peligrosa: el tipo que corre en Fórmula uno puede sufrir un accidente; el que salta el paracaídas puede que no se le abra el paracaídas; a un cirujano lo pueden a acusar de mala praxis y un periodista puede volverse amarillo. En lo nuestro, lo que se denomina arte, se nada mucho sobre el espíritu, y cuando indagas mucho podes encontrar cosas que te angustian", apuntó Pino. La lógica compositiva desanda un tono lúdico que los seduce. Y como los originales bardos de la antigua Europa cada uno lleva adelante su historia a modo de leyenda. "Componemos una canción cada uno. Por ejemplo hay una de Choza, que es "Así me voy"; otra de Naki que es "Tierrita seca" y otra mía, que es "Un bardo".

 

 

 

 

 

 

 

 

Después, las otras fueron compuestas entre todos, tipo cadáver exquisito: uno arranca una melodía, le pone una letra uno, otra melodía otro, como una especie de juego", detalló el líder de Cielo Razzo. Claro, dicho así, cualquiera puede entender que lo que resulta de todo eso es un caos. Pero nada más lejano. Las canciones del trío -bien acompañados por Martín Ledesma en percusión, Lisandro Hedín en percusión y accesorios, Lisandro Sagué en bajo y Franco Dolci en violín y güiro- tienen juegos de voces sutiles, una guitarra de nylon que se cruza mágicamente con algún piano, un charango y un ukelele, y, desde ya, con el acordeón que es casi como un integrante más del trío. En momentos del nacimiento del trío, el pulso fogonero de grupos como Onda Vaga comenzó a ganar espacio. "Cuando arrancamos sabíamos que no éramos los únicos, somos parte de un movimiento, lo orgánico era eso. Hay mucha gente que se junta sin grandes producciones de sonido y Los Bardos nacen acústicos, ensayando en una cocina y sin micrófonos, rescatamos esa cuestión de fogón. Todo comenzó cuando salíamos a girar juntos, que tocábamos en cabañas, en hoteles, en colectivos. Quisimos llevar eso afuera, para que lo escuche el resto de la gente", dijo Pino. Palabra de bardo.

 

 

 

 

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